Lilly ha crecido musicalmente en Nashville, bajo el influjo artístico de su padre John Hiatt, una leyenda viva del rock americano. Pero ella es distinta, su terreno musical está entre el indie y el country rock, en el que se mueve rotunda y sincera.
Decidió consagrarse a la música mientras estudiaba en la Universidad de Denver. Tenía veintiocho años cuando debutó discográficamente con Let down (2012), un disco intenso, de cálidas guitarras, que ella singulariza con su voz magnética.
Lilly Hiatt debe mucho de su aprendizaje al entorno tradicional de Nashville, pero su sensibilidad es rabiosamente moderna, un reflejo de tribulaciones y gozos personales. Lilly admira a Neil Young, también al John Lennon que se vacía emocionalmente.
Es lo que hace ella en el álbum más reciente, tercero de su discografía, el titulado Trinity lane (2017), en donde doce canciones, una dedicada a David Bowie, forman un conjunto de sonido vigoroso, cuyos temas están animados de una honestidad sin concesiones.
(De Rotterdam a Richmond, queriendo quitarme de encima la mierda esta / Cuatro mil millas, y sin poder lograrlo / el cielos solo espera cuando llevas puesta esa corona / ¿Quién quedará cuando le prendas fuego? / Yo quiero quedarme aquí / Mantener la cabeza fría / Es lo que tú harías / La cabeza me da vueltas con los grandes proyectos / Me gustaría dejarlo fluir / Ella, del coloque que tiene, está como un ángel)
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